Zumbamongo
| SECCIÓN LITERARIA |
María Minitos me escribe indignada porque en un blog que habla sobre la Ruta del Cares, exhiben un tapón de corcho recortado que sirve como escanciador casero. Dice que lo inventaron ella e Isma en Juecos hace años y que, incluso, la pobre se cortó y hubo de aplicarse una tirita. Pone verdes a los plagiarios y se sorprende de cómo se extienden los inventos por el orbe. Concluye diciendo que de seguro se trata de gentes de Usurbil los que han colgado la canallada. Le he contestado lo que sigue:
No te mosquees, mujer. Dicen que uno de Valencia y otro de Milán (Felipe Gallut y Nicolo Spinelli respectivamente) inventaron la bombilla eléctrica al lograr la incandescencia permanente de dos bornes de bronce. Esto sucedía hacia 1898. Eran científicos, por llamarlos de alguna forma, un tanto caseros, pues la profesión del uno era mecánico de bicicletas y la del otro dentista. No tenían contacto alguno con academias internacionales o nacionales de ciencias o artes (total desconexión con el mundo científico) y tampoco les llegaban revistas técnicas. Desconocían que en 1879, un tal Tomás Alba Édison se les había adelantado en la ciudad de N.York. Esto viene a cuento de que vuestro remedio casero ya había sido inventado, en los mismos términos además, con igual estructura y diseño hacía muchos, muchos años, en Asturias. ¡Te lo juro!, aparte del hecho de la tirita y la pupa, que es muy cierto. Son cosas de la vida y del genio de nuestra especie, cuando el espíritu de la Humanidad, juzga que ya está madura para un descubrimiento, no se limita a soplar sobre la mente de un genio o de dos; calculo que por aquellos tiempos en que "inventasteis" el tapón, otros en Bankok y en Zinbabue habían llegado a soluciones técnicas similares para escanciar el famoso vinillo de arrós, tan dulce al paladar, y el recio zumo llamado zumbamongo, del que ya llevaré este año unas pruebas al Día de la Sidra, pues un editor zinbabués quiere distribuir el Cartógrafo y me ha enviado una muestra. No sé si pretenderá utilizarme para venderme el zumbamongo espiritoso, que está muy bien aunque no pasa de caquilla comparado con la sidra de Escalante, pero le he dicho a Aura que no le envíe libros (quiere nada menos que quinientos para repartir en todo el cono sur africano) porque: primero, no los venderán ya que ese asunto del descubrimiento de América les suena a zulú, y segundo, porque suelen devolver los libros hechos una peste, todos arrugados y algunos dicen que mordisquiaus. Pero me estoy yendo por las ramas. Recompongo. Eso del taponcillo juecosano es una falacia. Quise decíroslo a tí y a Isma en su momento, pero os vi tan ilusionados, tan felices; era vuestra sonrisa tan oceánica, que me pareció cruel mostraros la verdad. Han pasado los años, habéis contraído civil matrimonio, marcháis ya por camino recto hacia una madurez provecta y, ¡qué cojones!, ahora os lo voy a decir: eso de que los taponcitos fue un invento vuestro...¡tururú!
Padre.
Actualizado (Viernes, 07 de Mayo de 2010 10:13)

